Los apóstatas odian la ley: el conflicto final entre la obediencia y la apostasía
Texto clave: “Los que dejan la ley alaban a los impíos; mas los que la guardan contenderán con ellos.” (Proverbios 28:4, RVR1960)
La Biblia no presenta la apostasía como un simple desacuerdo doctrinal ni como una evolución natural del pensamiento religioso. Desde la perspectiva bíblica, la apostasía es una rebelión abierta contra la autoridad de Dios. Y esa rebelión, de manera inevitable, se manifiesta en el rechazo de su ley. Allí donde la ley divina es menospreciada, la verdad es distorsionada y el pecado comienza a justificarse.
En el tiempo del fin, este conflicto alcanzará su punto culminante. No será una discusión teológica secundaria, sino una confrontación directa entre dos principios opuestos: la obediencia a Dios y la exaltación de la autoridad humana. Este artículo examina, a la luz de la Biblia y la profecía, por qué los apóstatas odian la ley de Dios, cómo surgió este odio y cómo se manifestará en los eventos finales de la historia.
Tabla de contenido
- 1. La apostasía según la Biblia
- 2. Satanás: el primer apóstata
- 3. La ley de Dios y su autoridad
- 4. El pecado como infracción de la ley
- 5. Satanás y los sistemas religiosos
- 6. El conflicto final por los mandamientos
- 7. El cuarto mandamiento bajo ataque
- 8. Babilonia: cristianismo apóstata
- 9. El vino del error
- 10. Cual la madre, tal la hija
- 11. El remanente fiel
- 12. Llamado final a la fidelidad
1. La apostasía según la Biblia
En el lenguaje bíblico, la apostasía no es un cambio inocente de opinión. Es un apartarse deliberado de la verdad revelada por Dios. Implica haber conocido la luz y decidir rechazarla. Por eso, la apostasía siempre está asociada con la desobediencia, la idolatría y la corrupción espiritual.
Proverbios 28:4 revela una realidad espiritual profunda: cuando se abandona la ley de Dios, se termina alabando al impío. Esto ocurre porque la ley es el estándar moral divino. Sin ella, el ser humano redefine lo bueno y lo malo según su conveniencia. Lo que Dios llama pecado, el apóstata termina llamándolo virtud.
2. Satanás: el primer apóstata
La apostasía no comenzó en la tierra, sino en el cielo. El primer ser que se rebeló contra Dios fue Satanás. Creado perfecto, lleno de sabiduría y hermosura, ocupaba una posición de honor junto al trono divino. Sin embargo, permitió que el orgullo y la ambición corrompieran su corazón.
La Escritura declara que el Hijo de Dios apareció para deshacer las obras del diablo (1 Juan 3:8). ¿Cuáles son esas obras? El mismo capítulo lo explica: “El pecado es infracción de la ley” (1 Juan 3:4). Satanás se convirtió en apóstata cuando decidió oponerse a la ley de Dios y cuestionar su justicia.
Ezequiel 28:16 describe su caída como resultado de la iniquidad hallada en él. No fue una falta de conocimiento, sino una rebelión consciente contra el gobierno divino. Desde entonces, Satanás ha procurado arrastrar a la humanidad a la misma actitud de desprecio hacia la ley de Dios.
3. La ley de Dios y su autoridad
La ley de Dios no es un sistema legalista ni una carga impuesta arbitrariamente. Es la expresión del carácter de Dios. Cada mandamiento revela principios de amor, justicia y orden. Por eso, la ley es el fundamento del gobierno divino.
Atacar la ley de Dios equivale a atacar su trono. El salmista declara que la ley del Señor es perfecta y convierte el alma (Salmos 19:7). Jesús mismo afirmó que no vino a abrogar la ley, sino a cumplirla. Cualquier sistema religioso que enseñe lo contrario se coloca en una posición de abierta oposición a Cristo.
4. El pecado como infracción de la ley
La Biblia define claramente qué es el pecado. No deja espacio para interpretaciones culturales o subjetivas. El pecado es la transgresión de la ley de Dios. Esta definición elimina toda confusión moral.
Cuando la ley es eliminada del mensaje cristiano, el pecado deja de ser pecado, el arrepentimiento pierde sentido y la gracia se convierte en una excusa para la desobediencia. Este es uno de los mayores engaños de la apostasía moderna.
5. Satanás y los sistemas religiosos
Satanás no siempre persigue abiertamente. A lo largo de la historia, ha utilizado sistemas religiosos para corromper la verdad desde dentro. La profecía bíblica muestra cómo poderes religioso-políticos han perseguido al pueblo fiel de Dios.
Daniel 7 y Apocalipsis 13 describen sistemas que hablan blasfemias, persiguen a los santos y pretenden cambiar la ley divina. Estos sistemas no niegan a Dios abiertamente, pero sustituyen su autoridad por tradiciones humanas.
6. El conflicto final por los mandamientos
Apocalipsis es claro: el conflicto final será por los mandamientos de Dios. El dragón hará guerra contra los que los guardan (Apocalipsis 12:17). No será una lucha simbólica, sino una confrontación real.
El pueblo fiel será identificado no solo por su fe en Jesús, sino por su obediencia. La fe verdadera siempre produce obediencia como fruto natural.
7. El cuarto mandamiento bajo ataque
El cuarto mandamiento identifica al verdadero Dios como Creador. Por eso, ha sido el principal blanco del ataque de Satanás. Cambiar el día de reposo es un intento de alterar la autoridad divina.
Apocalipsis 14:7 llama a adorar al Creador, usando el mismo lenguaje del mandamiento del sábado. Esto demuestra que este mandamiento tiene un papel central en el mensaje final.
8. Babilonia: cristianismo apóstata
La Biblia identifica al cristianismo apóstata como Babilonia. Apocalipsis 17 la describe como un sistema religioso que mezcla verdad con error. Conserva una forma de piedad, pero niega el poder de la obediencia.
9. El vino del error
El vino de Babilonia representa falsas doctrinas que embriagan espiritualmente a las naciones. Bajo su influencia, el error se acepta como verdad y la desobediencia como virtud.
10. Cual la madre, tal la hija
Ezequiel 16:44 revela un principio profético: las hijas repiten las doctrinas de la madre. Muchos sistemas religiosos heredan errores doctrinales sin cuestionarlos a la luz de la Biblia.
11. El remanente fiel
Dios siempre ha tenido un remanente. Apocalipsis 14:12 lo describe como aquellos que guardan los mandamientos de Dios y la fe de Jesús. No siguen a la multitud, sino a la verdad.
12. Llamado final a la fidelidad
El llamado final no es al fanatismo, sino a la fidelidad. Proverbios 28:4 sigue vigente: los que dejan la ley alaban al impío, pero los que la guardan contenderán por la verdad.
Hoy más que nunca, Dios llama a su pueblo a salir de Babilonia, a rechazar la apostasía y a permanecer firmes, guardando los mandamientos de Dios y la fe de Jesús.
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